A l'hora del cafè (Josemari i Ana)

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Mira, Ana, España va bien. Al menos, con el documento de los obispos, podemos afirmar que los faldones de la base van a recuperar el sentido común. Si yo se lo venía diciendo a Monseñor Rouco: déjese de teorías de la liberación y de derechos humanos que el asunto vasco no va por ahí. Le dije: empápese su excelencia de rojigualda y ya está. Finalmente, los obispos, han entrado en vereda todos a una. Y dejan chico al Cardenal Segura, sí señor. Ahí es nada: las naciones no tienen un derecho absoluto a decidir sobre su destino. He ahí una frase válida para todos. Bush ya se la ha enviado a Saddam via Internet con copia para las Naciones Unidas. Y nada te explico, Ana, del repasón que dan, sus señorías, a los rojos y a los separatistas. Mira que te digo: visto lo visto, hay que ser generosos en el olvido; así que olvidemos el pasado de curillas metidos en la construcción y en el metal, y abramos un período de relaciones cordiales con Roma. Te adelanto una primicia, Ana. Voy a integrar a los obispos de Madrid y de Toledo en FAES. Ya sabes, pensamiento, espiritualidad y espada caracterizan la esencia de nuestra historia. Le he comunicado a Cascos que el próximo fin de semana nos retiramos, a Silos, a pensar. Y ya sabes de su cabezonería. Me responde si entre pensamiento y pensamiento puede salirse a la montaña a echarles unos cartuchos a los rebecos. Y, tú dirás, claro que se lo he quitado de la cabeza. Los del gobierno estamos para pensar, descontando a Jaime, que se me ha puesto de morros por no estar en FAES. Mira, Jaime, le he dicho, tu pon asedio a las Baleares, me expulsas a la hez y luego te doy un cargo intelectual, porque igual te pongo, entérate, al frente de los papeles de Salamanca. Lo de FAES necesita de pensadores muy centrados. Este fin de semana, en Silos, vamos a debatir la cuestión siguiente: ¿Qué es España? Por supuesto, Ana, que sé lo que es España. Y no me levantes la voz, que te va a oír la chacha del planchado. No te me enojes. Si estás hablando con uno de Quintanilla, mujer. Si estás hablando con uno que opositó a Hacienda en Burgos. Has de entender que en la esencia más profunda del pensamiento español, siempre se plantean interrogantes como éste, de hondo calado filosófico y existencial. Haz como yo. Escúchame: desayuna agua y aire de la sierra. Luego plantéate qué es España. Fíjate si es importante partir de este dilema, que si el Ausente no se lo hubiera planteado, ahora estaríamos huérfanos de un verso tan recio como aquel que nos la define como una unidad de destino en lo universal. Es tan profunda, la cuestión, Ana, que estoy pensando en llevarme a algunos intelectuales a Silos. Pero, claro, es lo que me dice Rato: deja en paz a los intelectuales que ahora están muy tranquilos poniendo sellos en la Administración. Y la razón le sobra. Nos quedan nuestros futuros Nobel. Y, por supuesto, el chaval Pérez Reverte es el primero en la lista. Sin embargo, nos exponemos a que, después de dos días de machacarle patria, se ponga como una cafetera exprés, se exceda de temperamento y se salga a la calle dando caña a los catalanes. Y a Yordi que no me lo toque ni él ni nadie. Me lo tengo domesticado, tú lo sabes. Le digo, ojo, Yordi, no te pases. Y Yordi me organiza un recital de Llac en el Palacio de la Música y una calçotada en el Pino, aquel, de las Tres Ramas. Y de ahí no pasa. Luego, anda que te andarás cada manifestante a su botigueta. Y a partir de ahí no hay más excesos, como debe de ser en un nacionalismo sin guasa. O sea, ad hoc. Atiende, Ana: en un nacionalismo ad hoc. ¿Que invite a Gala? Mira, Ana: don Antoñito es un Pemán en chico, un punto afiligranado. Ya sabes, igual nos sale de la cumbre diciendo que la patria es un capullo de rosas y el patriotismo un suspiro de amor y, en oyéndole, en Quintanilla se me rebelan. Deberé pensármelo con tiento, Ana. Puede que invite a Julio Iglesias. Ya sé que no es un intelectual del PEN, pero ya sabes de mi exigencia literaria y el primer disco que te regalé, de novios, fue Gwendolyn. Por algo será ¿o no...? Tan dentro de mí/ conservo el calor, etcétera, etcétera. Algunas estrofas se acercan, en intensidad, a mis «Diez poemas de amor y una canción desesperada». En fin, voy a pensármelo. ¿El qué? Si me llevo a Julito a Silos. Tengo mucha fe en FAES. Un foro de pensamiento, ahí es nada. Se lo expliqué a Bush, aunque hubiera podido evitarme la molestia, porque no captó lo hondo de mi planteamiento. Fíjate, me dijo que para pensar ellos ya tienen a los de la Nasa. Pero, hombre, George, le respondí, los de la Nasa están para hurgar en el cielo o resolver las cosas de los aviones. Es como si yo, un estadista, en vez de recluirme en Silos para dictar patria, me pusiera a controlar el retraso de las salidas de los vuelos nacionales. Por Dios, George, pensar es otra cosa. Por cierto, Ana: las fotos en que salgo con guayabera blanca en la cumbre Iberoamericana, quítalas de enmedio. Cuídame la imagen pública, haz el favor. Para entendernos: un estadista internacional no puede confundirse con un vendedor de mantecados y bombón frigo. Para que te hagas una idea de lo que quiero. Las fotos que mejor resaltan mi personalidad, son las que me hizo Alejandro en la terraza de su ático el domingo pasado, mientras tu y la Nenona dabais el último toque a la paella. Sí, ya sabes, aquellas en que salgo con la cacerola de los macarrones calada hasta las cejas y en actitud de asalto a las trincheras. Por cierto, Ana, una noticia: Alejandro está que se sale. Me lo solicitan desde infinidad de consejos de administración. Conque estamos de enhorabuena, a la vista está que vale. ¿Que le incorpore a FAES? No. Quítatelo de la cabeza. En FAES se está para pensar. Y pensar, Ana, es muy duro.