Antisemitisme a l'escola (1911)

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Era posat en les mans de les nines escolars d'una institució religiosa, col·legis de monges que tenien per divisa quelcom semblant a la fórmula misericòrdia il·lustració, un llibre de text de la «Historia de España», amb «nihil obstat» del prevere censor, el reverend doctor Bartoleu Cintas, imprès amb els segells del vicari general de València, José Palmarola i del prevere, secretari canceller de l'arquebisbat, llicenciat Salvador Carreras.

Es tractava del llibre de «segon grau», és a dir, de les nines en el cim de la seva innocència i alhora, curiositat. Mancaven molts anys encara per a la vinguda de Mussolini i Hitler al poder i, també, per la Guerra Civil espanyola i la dictadura franquista que en resultà victoriosa. Les lliçons del llibret escolar, d'autor anònim, des dels primitius pobladors fins al XXIII Congrés Eucarístic, ens sorprèn per les seves carregades dosis d'antisemitisme. Una reacció no només contra els jueus espanyols sinó també contra els moriscs, i de passada, els liberals i els moviments d'esquerres.

Però no deixem passar més espai sense reproduir dues d'aquestes lliçons històriques, que ens veim obligats a transcriure en la seva llengua original. Aquesta és la primera:

«Después de la toma de Granada, 1492, los Reyes Católicos dieron un decreto de expulsión contra todos los judíos que no estuvieran bautizados, dándoles cuatro meses de tiempo para que pudieran realizar todos sus bienes y llevarse todos sus haberes consigo. Todos los enemigos de la patria española han vociferado contra aquel Decreto por el cual salían de España 180,000 chupópteros, enemigos irreconciliables del pueblo español, a costa de cuya sangre vivían, acaparando todas las riquezas del país. Los judíos fueron los que abrieron las puertas de España a los árabes antes de la derrota del Guadalete, y hace reir lo que dicen los enemigos del catolicismo cuando afirman ex cáthedra que con la expulsión de aquella raza sufrieron grandemente la agricultura, la industria y el comercio. No, no podían sufrir estas fuentes de riqueza, porque los judíos ni fueron agricultores ni industriales: eran, sí, comerciantes usureros que no servían sino para arruinar la agricultura y la industria con sus exacciones y usuras. Véase lo que deben la agricultura y la industria de las naciones, donde hay judíos, a esa raza, y de ahí podrá colegirse lo que les debía España...».

Per llogar cadiretes. Ni el «Führer» en la seva «Lluita» doctrinal. Uns termes fanàtics i xenòfobs semblants al paràgraf que diu, pàgines més envant, «Se expulsaron los moriscos (1610) y repetimos lo que hemos dicho respecto de los judíos -fué una obra patriótica y de paz para la nación. Aunque los moriscos no eran ladrones y usureros como los judíos, venían a ser vívoras que alimentaba España en su seno...».

Totes aquestes «barbaritats» pedagògiques es podrien completar amb el que explica el pseudohistoriador quan arriba al segle XIX i toca el tema de la Revolució de Setembre: «El Duque de la Torre entró en Madrid aclamado por todo lo más perdido que había en la Corte y por todos los partidos avanzados.

Se formó un gobierno provisional, y se proclamaron todas las libertades: la libertad de cultos, la libertad de enseñanza, la libertad de asociación, la libertad de imprenta: todas menos la libertad de hacer el bien. Aquello fue un delirio, el colmo de las libertades...».

I ja en el segle XX, les frases i expressions calcades de l'odi es multipliquen: «los radicales de Valencia convirtieron aquella hermosa ciudad en teatro de sus fechorías», «radicales y anarquistas cometieron atroces infamias». «El partido Conservador contaba con la ayuda de todos los buenos para mantener el orden y defender la dignidad de la nación».

No cal fer-ne cap comentari.